El Escorial

Este lugar ha marcado, desde hace muchos años, un hito en mi vida…pero eso lo contaré en otro momento. Aquí estuve acompañada muchas veces por dos amigas, hermanas del alma.
Una mañana de invierno  paseando mi amiga Feli y yo por el Escorial, sentimos la necesidad de entrar a la basílica del Escorial y nada más arrodillarme, escuché:
– Hija amada, escribe. Eres fiel a mi Presencia y eres rauda a mi llamada. Mi Corazón te acompaña noche y día, guía tus pasos, seca tus lagrimas y consuela tus cuitas. Amada mía, escucha mis palabras que son Luz y Faro de tu alma. Escucha mis pedidos de Corazón de Madre:
Guía a tus hermanos, acompáñalos en el camino con el Faro de Mi Corazón. Yo voy contigo. Yo os acompaño.
(Me pregunto mentalmente si es María, La Madre…)
Sí, soy Yo, amada hija, me dice, y tú lo vas a comprobar pues mis pruebas son testigos de mi Presencia en ti.
(¡En ese momento, el coro de la basílica cantó el ave María…!)