El silencio en nuestras vidas. Reflexión.

Estamos rodeados de ruidos de forma casi continua: contaminación acústica, voces, música, la tv, la radio y nuestra mente parlanchina, que no para de pensar.

Sin ser plenamente conscientes, el entorno invade nuestro campo electromagnético, interactuando con nosotros continuamente. Si dicho entorno es ruidoso, agresivo, crispado, pesimista, triste o desesperanzado, esa vibración nos llega aunque no nos demos cuenta.

¿Cómo la percibimos? Sintiéndonos cansados, irritables, con pensamientos oscilantes de tristeza, rabia, enfado, mal humor y pesimismo, en momentos u ocasiones en las que no tendríamos motivos reales para sentirnos así.

Estas emociones de baja vibración producen también una baja en nuestras defensas y nos hacen enfermar ¡Cuántas personas conocemos que toman pastillas para controlar la ansiedad, la depresión o el insomnio!

En ocasiones la mente entra en una espiral sin fin ¿No os habéis encontrado alguna vez cavilando sobre un tema, dándole vueltas y vueltas, recreando conversaciones con diálogos de preguntas y respuestas generalmente de corte negativo, que se repiten incesantemente? Y al intentar detenerlos, se silencian por un momento para volver apenas nos distraemos.

Son ideas, pensamientos, frases recurrentes,  repetidas sin intención de solución, sin salidas y que lo único que consiguen es mermar nuestra energía vital. Ruido por dentro y ruido por fuera.

Y, mientras, en medio de todo ese bullicio, nuestra alma, nos pide a gritos silencio. Silencio por fuera y por dentro. Silencio “para llegar al encuentro”, como decía Juan de la Cruz, al encuentro con nosotros mismos.

Somos seres espirituales con un traje de materia. Al traje, más o menos, lo cuidamos pero ¿y al espíritu? ¿le concedemos momentos de paz, de relax, de silencio, de encuentro con la eternidad?

¡NO ENFERMAMOS POR INFLUENCIAS EXTERNAS, LO HACEMOS POR LA INANICIÓN DEL ALMA, POR NO ALIMENTARLA DEBIDAMENTE EN EL SILENCIO.

Empecemos A NUTRIR NUESTRAS ALMAS de manera sencilla: con un minuto de silencio, estemos donde estemos, concentrándonos por unos instantes tan sólo en nuestra respiración.

Podemos hacerlo antes de levantarnos por la mañana o al ir a trabajar, o en el lugar de trabajo, a mediodía, o por la noche antes de dormirnos.

Si logramos crear ese hábito, todo lo demás vendrá por sí solo: El regalo de la paz interior, la armonía y la serenidad.  Es solo cuestión de tiempo!

Te animas a comenzar?