Hay momentos para todo

Cuando estamos en un camino espiritual y suponemos que estamos “despiertos”, intentamos permanecer en un estado más o menos consciente la mayor parte del día, aunque no siempre lo conseguimos.

Aquel día iba paseando por la sierra y, a pesar de estar rodeada de árboles, flores preciosas y el murmullo del agua en el arroyo, mi cabeza parecía una jaula de grillos: a un pensamiento le seguía otro y otro, sin dejar espacio alguno; cuando no se solapaban uno encima de otro. Sí, esto es posible aunque parezca mentira.

Sentí la necesidad de hablar con La Madre y empecé así: 

-Madre, aquí estoy, pero el ruido mental no facilita mi comunicación contigo. No consigo mantener el silencio interior, a pesar del idílico entorno que me rodea.

-“Respira hondo y acepta tu condición actual, pues hay momentos para todo, hija mía.

Momentos para escuchar y momentos para hablar.

Momentos de pedir y momentos de entregar.

Momentos para contemplar el exterior y momentos de contemplación del alma en su diálogo interno.

TODO TIENE SU TIEMPO Y SU COMPÁS,  hija mía, y aunque tú, al igual que todos tus hermanos, eres la artífice y la conductora de tu vida, hay ocasiones en las que “dejarse llevar”, fluir, es bueno y conveniente.

Un velero en alta mar, si está bien gobernado, navegará siguiendo las circunstancias: con motor o a vela; contra el viento o a su favor.

¡Qué importante es la aceptación, hija mía, escríbelo!

Acéptate y aceptad vuestros múltiples estados y momentos, viviendo en cada instante la experiencia que corresponda, a sabiendas de que es única, irrepetible y eterna a la vez.

A veces, hijos míos, os perdéis en las formas y olvidáis lo esencial, el contenido: aún con ruido mental, la comunicación Conmigo es posible pues el diálogo del corazón es otro y ahí es donde YO me comunico.

¡Confiad en MI PROVIDENCIA!

Después de escuchar sus Palabras, me sentí en paz y empecé a disfrutar de verdad del sanador entorno en el que me encontraba.