La primavera

Un año más se empieza a sentir paso a paso la llegada de la primavera mientras los cielos de Madrid se van tiñendo de preciosos colores al amanecer. Me gusta caminar por la mañana temprano un poco antes de que mi barrio comience a tomar el ritmo que marcan las grandes ciudades, cuando las calles aún guardan el silencio de la noche y los pasos acelerados de adultos y niños no llenan todavía las aceras.

De camino al parque por el que suelo pasear, hay un convento de clausura (Las Misioneras Esclavas de Cristo Sacerdote ). Su capilla, abierta desde muy temprano, es un lugar que invita al silencio y al recogimiento interior. Tengo que decir que a ese lugar me une, además, el sentimiento de cariño y amistad con una religiosa amiga y antigua alumna mía.

Escuchar sus cantos y rezos serenan el espíritu, más allá de cualquier creencia o juicio sobre la vida religiosa de clausura.

Entré y, como siempre, desde el corazón me comuniqué en silencio pidiendo a la Madre recibir aquello que necesitara saber en esos momentos.

-” Hija,Yo me manifiesto bajo muchos aspectos a mis hijos. A TODOS POR IGUAL. En un árbol, en una cueva, en una fuente, arroyo o manantial, en el silencio de un habitación o en una capilla como ésta donde te encuentras ahora, en una ermita o una sinagoga, en una mezquita o en un centro comercial; en un parque o en una calle concurrida, en una cárcel o un hospital…

Allí donde alguno de mis hijos me reclama desde el corazón, allí ESTOY YO y allí PERMANEZCO, con la plenitud de mi ESENCIA MATERNAL.

No es el lugar ni la circunstancia sino la LLAMADA que Me invoca, la que Me atrae como IMÁN PODEROSO hacia el corazón que me pide ayuda.
Y con Las Palabras de la Madre resonando en el corazón, salí  para seguir el camino que daba comienzo a mi nuevo día.