Las falsas creencias

En una tarde lluviosa de domingo estaba recostada tranquilamente en el sofá, contemplando el paisaje a través los cristales y pensando qué hacer porque en la TV no ponían nada interesante. Al mismo tiempo, y sin tener plena consciencia de ello, sentía que ese día hubiera podido ir al lugar, en la naturaleza, donde me gusta conectar con la Madre pero no lo hice por la lluvia y por cierta pereza, cuando escuché en mi corazón:

 “Hija, para “conectar” conmigo no necesitas ir a ninguna parte ni hacer nada especial.

 Tan solo mira a tu alrededor y observa. Esto es todo lo que tienes que hacer.

 La educación recibida por muchos de mis hijos les lleva a buscar estar activos de forma continuada, en la creencia de que si paran y dejan de hacer cosas, estarán fracasando , lo cual les genera un sentimiento de culpa.

Y no es así: HACER está bien y NO HACER, también. SER PRODUCTIVO está bien y NO SERLO también.

 La mente y las falsas creencias, en ocasiones, rigen vuestras vidas sin que tengáis consciencia de ello.

 Mirar cómo cae la lluvia detrás de la ventana y sencillamente observarlo es el mayor acto de contemplación que puede alimentar al ALMA; tan solo eso.

 Andar por la calle sintiendo cómo vuestros pies se alternan al pisar el asfalto, al compás de la respiración y de la música de los latidos del corazón, es el mayor gesto de alabanza que podéis dar a la VIDA.

 Brindar una sonrisa a alguien que se ha cruzado en vuestro camino, en cualquier momento del día, es el guiño más sincero al CREADOR.

 Una mirada, un gesto, una palabra, un acto, una pausa… Todo, todo, todo, da gloria a lo creado.

 Vosotros, hijos míos, pretendéis “trabajar” por Mí, Padre-Madre-Amor,ser mejores, y más eficaces, y más efectivos, y más preparados, y estar más despiertos…Más, más, más… Cuando la Creación tan solo os pide que SEÁIS. Sólo SER. Sin más añadidos”.

Guardé silencio y seguí escuchando.