Nuestra Señora de Chartres

Los muros y vidrieras de CHARTRES “atraparon” mi atención nada más entrar en el templo.

Iba paseando en silencio, contemplando la magnificencia del lugar sagrado y de repente escucho :

“¡Quédate aquí!”

Miro a mi alrededor y solo veo unos cuantos turistas observando los distintos lugares, así que sigo mi paseo pensando que no era para mí esa sugerencia.

Pero al avanzar unos pasos más, me encuentro en la parte posterior del altar y sin nadie a mi alrededor.

Allí, solitaria, veo una pequeña capilla en medio de la penumbra del lugar y, dentro, la escultura de una virgen sentada con un cetro en la mano derecha.

Sobre sus rodillas, al lado izquierdo, un niño sonriente, iluminados ambos por unas cuantas velas. Perfumando el pequeño espacio, unos ramos de flores muy sencillas cogidas seguramente en el campo.

Es una imagen deteriorada y salvo por la sencillez del conjunto, no llama la atención.

Apenas si me detengo un instante y al empezar a andar, vuelvo a oír:

– “¡Quédate aquí!”.

Sin dudarlo me siento en una silla, a los pies de la imagen, y saco mi cuaderno.

“Hija mía, escucha mi Mensaje, que has de trasmitir:

Esta Imagen me representa con Mi Hijo, un niño, pero mis hijos sois todos, pues a todos os cuido con Amor.

Llevo en la mano un cetro, símbolo del poder. Pero EL PODER NO LO DAN LAS POSESIONES; EL PODER SÓLO LO DA EL AMOR.

SÓLO QUIEN AMA ES PODEROSO. Recuerda esto, hija mía.

El Niño que está en mi regazo simboliza la humanidad pues YO SOY LA MADRE y TODO descansa en mi amoroso cuidado.

Esta es mi petición:

Hijos, ¡ HUMILDAD!

Hijos, ¡PACIENCIA! Con vosotros y con los demás.

Hijos, ¡CONFIANZA! Confianza en Mi Providencia y en la bondad de lo que la Vida os regala a cada instante.

Hijos, ¡ENTREGA! A Mí, a la Voluntad Divina y a vuestra propia intuición, que es Mi forma de indicaros el camino a seguir”.

Después de esto quedé en silencio un buen rato, guardando Sus Palabras en mi corazón.