Os comparto…

Antes de seguir subiendo más “conversaciones” al blog, tengo que decir que, aunque esta “comunicación directa” la sentí desde siempre, fue en la adolescencia cuando, de una forma espontánea, empecé a plasmar en mi diario lo que después supe que algunas personas denominaban  “escritura automática”. Escribo con los ojos cerrados lo que “voy escuchando”.

En un principio yo creí que eran ideas de mi mente; que lo que oía y  escribía, eran  mis propios pensamientos. De hecho, y de forma espontánea también, empecé a pedir una prueba de la autenticidad de lo escuchado (muchas veces, les decía que sonaran campanas) y, en cualquier lugar y momento, por difícil que parezca ¡¡SONABAN!!.
Cuento esto porque, con los años, muchas personas han compartido conmigo esta experiencia; les había sucedido lo mismo y, al saber que no eran las únicas, sentían una gran tranquilidad.
Puede ser que alguien lea esto y resuene con ello.

Angélica