Reflexiones a bordo de un avión

Volvía a Madrid después de unos días de descanso en Tenerife  y mientras veía alejarse de mi vista el Teide nevado a través de la ventanilla del avión, tuve esta reflexión:

Hay instantes en los que me siento tan bien que no ” me siento”. Es como si no tuviera cuerpo, vehículo, traje…

Es como ir con el alma desnuda por la vida. La sensación de felicidad e ingravidez son totales. 

En esos momentos me pregunto si realmente existo o si tan sólo soy un pensamiento de alguien (o de Mí Misma, quién sabe!).

Me ocurre con más frecuencia cuando estoy en contacto con la naturaleza (mar o montaña).

¿Sentirse bien es un delito, un mérito, un premio, un regalo o UNA ELECCIÓN?…

Y después de esos instantes en los que todo (materia y espíritu; coche y conductor) se hace uno y “floto en el Nirvana”, le siguen los OTROS pensamientos, los pesados, los más densos, los que me hacen “tomar tierra”: pensamientos-mente, recuerdos del pasado o planes futuros.

Dudas sobre lo que hago o lo que no hago y debiera hacer. Algún que otro atisbo de miedo; sentimientos de empatía con el sufrimiento de alguien, con el problema de la última persona que estuvo en mi consulta, cómo me duele el cuello, o el pie…

Un encadenamiento absurdo de ideas-pensamientos que puede alargarse indefinidamente mientras yo les de “cancha”.

Somos YO y yo. Y ambos somos UNO.

Quiero escribir aquí ( para quien sintonice con ello) que TODO es posible, TODO: vivir en el Cielo y vivir en el purgatorio o incluso en el infierno, AQUÍ Y AHORA. Cada día, cada instante, YO ELIJO.

Yo y nadie más que yo decide por mí. Lo que vivo es mi creación.

Es así, me guste o no reconocerlo. Lo agradable me cuesta menos  y lo que catalogo de “duro, doloroso o desagradable” me cuesta más. Pero, pese a todo, yo sé que esa es LA VERDAD.

Y aquí puse fin a mi reflexión para seguir  contemplando una espectacular puesta de sol.