Todo cambia

Un día a la semana solemos reunirnos para meditar juntos en casa unos amigos.  En una de esas sesiones, una amiga nos compartió la situación por la que estaba pasando.

Aunque no siempre sucede, esa tarde La Madre nos habló así:

Hija mía, escribe ahora:

Hay circunstancias en la vida en las que hay que actuar y otras en las que es sabio esperar a que los acontecimientos se desencadenen por su propia inercia. Y, en todos, conviene mantener la calma y permanecer en paz, con la certeza de que todo se mueve y nada permanece quieto, aunque aparentemente lo parezca.

Todo tiene una razón de ser; un porqué y un para qué.

  • ¿Esto lo dices para mí o por lo que nos ha contado C…….?

Siempre es igual para todos, hija mía:

Situaciones que resolver y experiencias que vivir; elegidas y aceptadas por vosotros mismos antes de que ocurran, pues nada os sucede sin vuestro permiso y acuerdo.

Es importante, eso sí, mantener la calma y ésta se alcanza practicando el silencio interior con constancia y dedicación.

Nada se os regala pues vinisteis a experimentar, vivir y disfrutar del camino mientras lo recorréis, sea el que sea: de subida o de bajada, con curvas o recto…

Todo es experiencia y nada es real, créelo porque así es hija amada.

Es importante no proyectarse constantemente en el futuro para no perderse la experiencia vivida cada instante.

Todo, todo tiene una secuencia que  hay que vivir de forma consciente instante a instante y momento a momento. El tiempo es tan sólo un concepto y no una realidad.

Yo, La Madre, me he comunicado para los aquí presentes y para los que leáis Mis Palabras después, a través de mi hija.