Un lugar sagrado

“No te olvides que este lugar que pisas, es un lugar sagrado y Mi Presencia en él, es permanente”.

Así me recibe la Madre muchas veces cuando voy a un lugar llamado Prado Nuevo, en el Escorial. Ese espacio ha sido motivo de polémica e incluso puede que lo siga siendo, a pesar del reconocimiento que le ha dado la Iglesia católica como lugar de oración y culto.
Yo lo conocí causalmente hace más de 30 años, sin saber que allí se daban apariciones marianas. Y continuo yendo buscando momentos de silencio y de soledad en ese mágico paraje.
-“Hija amada, escribe de nuevo. En esta ocasión, soy Yo quien me adelanto a tus preguntas y te digo con amor, querida hija, cuánto me complace tu dedicación a llevar a mis hijos Mis Palabras.
Todos ellos pueden recibirlas de Mi directamente pues, como tú, en su origen tienen el potencial.
Pero ocurre que no todos dejan algo de su tiempo para escucharlas en su interior aunque sí estén interesados. Otros eligen creer que no están preparados para ello.
Pero algunos, aunque su corazón esté dormido, al contacto con tus escritos, despertarán a Mis Palabras y habrá una gran fiesta por esos que inician así el camino de regreso al Hogar.
Este Lugar de Paz desde el que escuchas Mis Palabras, es un Lugar Sagrado y así lo manifiesto una y otra vez, a pesar del deseo de la sombra de crear dudas y recelos sobre él.
La tierra que pisas es Sagrada, amada hija. Trasmítelo así a tus hermanos.
Mis brazos están abiertos para recibirlos aquí.
Mis oídos oirán sus súplicas, sus llantos y sus miedos.
Yo absorberé todo aquello que les esclaviza, les ata y les impide desplegar sus alas.
Al salir de aquí y volver a sus casas se sentirán más ligeros, pues dejarán a Mis pies su aflicción transmutándose en paz y alegría.
Háblales de tu experiencia y las demos otras hijas, las que te acompañan siempre.
Cuéntales que no esperen de Mi actos soberbios y sorprendentes ni revelaciones magistrales, pues Mi Corazón les hablará desde el silencio y Yo, La Madre, abrazaré sus almas compungidas y secaré sus lagrimas.
Luego, se irán en paz y sabrán cómo actuar cada uno en su medida y según su circunstancia.
Yo les hablo a todos.
Yo los escucho a todos.
Yo los acojo a todos y, a todos, por igual pues YO SOY,POR SIEMPRE, LA MADRE.