Vinimos a experimentar

En una ocasión una persona me pidió ayuda para superar una situación de pareja que le estaba haciendo mucho daño. Yo lo intenté pero me di cuenta de que, en realidad, lo que quería era incluirme en su drama, no salir de él.

Pregunté a uno de mis guías:
– ¿Qué puedo hacer yo por los que sufren?
Y me dijo:
– Dejarlos sufrir.
– ¿Y qué puedo hacer por los que lloran?
– Dejarlos llorar. A veces es más difícil no hacer nada. Dejarlos no es abandonarlos, es respetarlos. Si alguien sufre por ignorancia, es decir, porque olvidó que a este planeta vinisteis a disfrutar con todo y por todo, si olvidó que este lugar no tiene que ser ese “valle de lágrimas” que un día os dijeron, si olvidó pero, dentro de sí, tiene aún encendida la Luz, recordará.
Una palabra, una sonrisa, un encuentro, un silencio será suficiente para activar ese recuerdo de quien es.
Ahora bien, si llora y sufre por convicción, porque así lo elige y quiere. Es mejor dejarle que siga su camino. Cada uno tiene “su momento” y a él, es probable, que no le haya llegado aún. O, también, que ejerciendo su libertad de decisión elija el llanto, el sufrimiento, la desesperación para experimentar.