Yo, La Madre, te hablo

Amaneciendo, escribo en mi cuaderno:
Permanezco con el corazón abierto, a la espera, por si Tú, Madre, te quieres comunicar. ¿Qué tengo que saber hoy?
– Hija, hoy nuestro manifiesto es breve
Persevera y confía.
Persevera y escucha.
Persevera y ama.
¡Gracias, Madre Divina, gracias!
Durante varios días estuve repitiendo, en cualquier momento y ocasión, estas palabras como una oración, como un mantra.
Al quinto día, me puse a escribir en un folio las tres frases de la Madre, varias veces. De pronto escucho:
– “Persevera y confía, amada hija. Yo te hablo y tú recibes mis mensajes con el corazón abierto.
Sí, amada hija. Yo te escucho y te consuelo; te hablo en el silencio de la noche y mis palabras llegan a calar en tu alma. Tu corazón lo sabe.
La mente te ayuda a procesar, pero ahora déjala y dile que descanse ajena a este mensaje, porque no es para ella , sino a través de ella.
Yo, tu Madre, te hablo y me comunico contigo en todo momento, pues tu corazón permanece a mi lado en total apertura.
Igual mis hijos me escuchan y Yo les hablo al corazón. Son muchos los que reciben Mi Legado y es bálsamo de Amor, Paz y Esperanza en sus vidas como humanos.
Sí, mi Energía te cubre ahora y tú la reconoces. Yo permanezco en ti y tú, Conmigo.
¡Tantas veces como a Mi recurras, tantas te respondo, antes de que tu voz haga la llamada! Y así es con todos mis hijos.
Pronto verás amada hija, cómo lo que hoy te preocupa y entristece, es irradiado por la Luz y la Esperanza y, esa situación, se disuelve en el Amor”.
¡Y así fue!